
Son Heung-Min sonríe. Con una enorme mueca de alegría en el rostro, le estrecha la mano a Lionel Messi. Como siempre, las emociones se le notan. Es una noche apacible en Los Ángeles. El momento del sorteo es íntimo y masivo. Los rodean la terna arbitral, a lo lejos sus compañeros y más de 75 mil personas, que colman el Memorial Coliseum para ver el primer gran partido de esta temporada de la MLS.
Es la foto que buscaba la organización del torneo, y uno de los momentos más anhelados por el capitán de Corea del Sur desde que, a los 33 años, se mudó a Estados Unidos. Sonny dejó Londres, tras una hermosa década en Tottenham, con el deseo de competir unos años más, de aprovechar su apreciada imagen global, y de ser una figura central en el Mundial 2026, que se juega en Norteamérica.
El partido es casi todo lo que el coreano podía haber soñado. LAFC golea 3-0 a Inter Miami, el campeón de la MLS, ante la segunda mayor convocatoria en la historia de la liga. Sonny da la asistencia del primer gol, aunque se queda con las ganas de convertir. Igual, disfruta compartir cancha con Messi. Cada imagen en la que coinciden muestra a Son sonriendo a su lado. Tras el juego, amable como siempre, atiende a la prensa y a los fans. Agradece y celebra la victoria. Encanta con su encanto a todos los que lo miran, una vez más.

Esa sonrisa de Son Heung-Min no es nueva. Lleva más de seis meses cautivando a Estados Unidos, como resumen de una personalidad alegre y simpática. Un buen tipo. En agosto de 2025, cuando fue presentado, el coreano se vistió con simpleza y elegancia en tonos grises y oscuros. El mejor marco para la blancura de su amplia sonrisa, que brilla ante luces y flashes.