Más de 100 deportistas dieron vida el pasado sábado a la primera Travesía Mixta de Aguas Abiertas de Antofagasta, una iniciativa impulsada por la agrupación Cetáceas, Mujeres al Mar que reunió a nadadores de distintas edades y niveles de experiencia en torno a una jornada marcada por el deporte, la inclusión y el encuentro con el océano.
La actividad se desarrolló en el Balneario Municipal de Antofagasta y contempló recorridos de 500 y 1.000 metros, permitiendo que tanto nadadores experimentados como personas que se iniciaban en esta disciplina pudieran participar de manera segura y adaptada a sus capacidades.
Más allá de los tiempos y las distancias, la travesía tuvo un propósito claro: promover el vínculo con el mar, fomentar la actividad física y fortalecer la construcción de comunidad a través de una experiencia compartida en uno de los escenarios naturales más emblemáticos de la ciudad.
Las condiciones oceánicas aportaron un desafío adicional a la jornada. Si bien la marejada que afectó la costa durante los días previos había comenzado a disminuir, el mar aún mantenía movimiento e intensidad, exigiendo concentración, técnica y confianza a cada participante. Lejos de convertirse en un impedimento, estas características reforzaron el espíritu de compañerismo, apoyo mutuo y respeto por el entorno que predominó durante toda la actividad.
La agrupación Cetáceas, Mujeres al Mar nació hace dos años a partir de la visión de su fundadora, Marianela Ávila, quien soñó con crear un espacio donde más mujeres pudieran acercarse al océano de manera segura, superar temores asociados a la profundidad y descubrir los beneficios físicos, emocionales y sociales que ofrece la práctica de las aguas abiertas.
Desde entonces, la organización ha impulsado el nado en el mar como una herramienta de bienestar, crecimiento personal y conexión comunitaria. Su nombre refleja precisamente esa filosofía: una comunidad que avanza unida, compartiendo aprendizajes, experiencias y desafíos, siempre con el océano como punto de encuentro.
La realización de esta primera travesía mixta representa un paso natural en ese proceso de crecimiento, ampliando la invitación a toda la comunidad y promoviendo una cultura deportiva basada en la inclusión, la seguridad y el respeto por el entorno marino.
Entre los participantes se encontraban destacados nadadores de aguas abiertas, deportistas recreativos y personas que vivieron por primera vez la experiencia de nadar mar adentro.
Cada uno llegó con objetivos distintos, pero todos compartieron una misma motivación: conectar con el mar que forma parte de la identidad de Antofagasta y ser protagonistas de una experiencia colectiva marcada por el esfuerzo, la confianza y la superación personal.
La jornada contó además con la participación de jóvenes promesas de la natación nacional de tan solo 12 años, quienes demostraron talento, disciplina y pasión por esta exigente especialidad deportiva.
Asimismo, estuvo presente Sebastián González, reconocido maratonista acuático chileno, quien recientemente hizo historia al convertirse en el primer hombre chileno y el latinoamericano más joven en completar el cruce del Canal Kaiwi, en Hawái, una de las travesías de aguas abiertas más exigentes del planeta.
Desde la organización destacaron especialmente el apoyo brindado por la Armada de Chile, institución que colaboró en el resguardo y la seguridad de los participantes durante toda la actividad, contribuyendo al éxito de esta primera edición.
También agradecieron a las organizaciones colaboradoras, voluntarios, familias y deportistas que hicieron posible una jornada que dejó en evidencia el creciente interés por las aguas abiertas en la región.
Para Cetáceas, Mujeres al Mar, esta travesía no representa una meta alcanzada, sino el comienzo de un proyecto que busca seguir acercando a más personas al océano mediante experiencias deportivas seguras, inclusivas y transformadoras.
Porque más allá de los metros recorridos, la verdadera victoria estuvo en cada persona que decidió enfrentar sus propios desafíos, ingresar al mar y descubrir que el océano también puede convertirse en un espacio de confianza, bienestar y comunidad.