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Cuando las comunidades toman la iniciativa: 64 organizaciones de Antofagasta reciben $230 millones para transformar sus territorios

El Concurso +Unidos 2026 seleccionó iniciativas provenientes de ocho comunas de la Región de Antofagasta. Más que financiamiento, el programa busca fortalecer a organizaciones que conocen de primera mano las necesidades de sus comunidades y que hoy se convierten en protagonistas de sus propios procesos de transformación.

Antofagasta, Región de Antofagasta.— Las grandes transformaciones sociales no siempre comienzan en las instituciones. Muchas veces nacen en una sede vecinal, en una conversación entre vecinos, en un grupo de familias o en la iniciativa de personas que decidieron organizarse porque identificaron una necesidad en su propio territorio.

Esa capacidad de detectar problemas, movilizar personas y construir soluciones colectivas es precisamente la que busca potenciar el Concurso para Organizaciones Sociales +Unidos 2026, impulsado por Escondida | BHP y Fundación Minera Escondida.

Este año, 64 organizaciones sociales fueron seleccionadas entre más de 200 postulaciones provenientes de Antofagasta, Mejillones, Taltal, María Elena, Tocopilla, Calama, Ollagüe y San Pedro de Atacama, accediendo a un fondo de hasta $230 millones para desarrollar iniciativas comunitarias y proyectos de recuperación de espacios afectados por la emergencia meteorológica.

Pero detrás de la cifra existe una realidad mucho más profunda: personas que están intentando resolver, desde sus propias comunidades, problemas que conocen de cerca.

El emprendimiento también puede nacer desde la comunidad

Cuando hablamos de emprendimiento, normalmente pensamos en una persona que crea una empresa, desarrolla un producto o inicia un negocio.

Sin embargo, existe otra forma de emprender: el emprendimiento social y comunitario.

Es la capacidad de identificar una problemática colectiva y organizar recursos, conocimientos y personas para generar una respuesta que produzca valor para la comunidad.

En ese sentido, las organizaciones beneficiarias representan una forma de emprendimiento territorial: iniciativas que no necesariamente buscan rentabilidad económica, pero sí generar impacto social, fortalecer vínculos y mejorar las condiciones de vida de sus comunidades.

Pablo Pisani, vicepresidente de Asuntos Corporativos y Comunicaciones de Escondida | BHP, destacó precisamente el propósito de ampliar ese impacto.

“Este año duplicamos nuestro aporte, alcanzando un fondo de $230 millones para ampliar el impacto de las organizaciones sociales y fortalecer el trabajo que realizan en sus comunidades”.

El ejecutivo agregó que, debido a la emergencia meteorológica que afectó a la región, los recursos también podrán ser destinados a procesos de reconstrucción y recuperación de espacios.

De beneficiarios a protagonistas

Uno de los elementos más relevantes de este tipo de iniciativas es que las organizaciones no son consideradas únicamente como receptoras de recursos.

Son también actores sociales capaces de diagnosticar, gestionar y ejecutar soluciones.

José Antonio Díaz, director ejecutivo de Fundación Minera Escondida, destacó justamente la necesidad de acompañar estos procesos.

“Queremos acompañar a las organizaciones, fortalecer sus capacidades y entregarles herramientas que les permitan proyectar su trabajo en el tiempo”.

Esta mirada resulta especialmente relevante cuando se habla de desarrollo territorial.

Una comunidad no se fortalece solamente cuando recibe recursos. Se fortalece cuando desarrolla capacidades, liderazgo, organización, redes de colaboración y autonomía para enfrentar sus propios desafíos.

Una cocina comunitaria como espacio de encuentro

Un ejemplo concreto se encuentra en Antofagasta.

La Junta de Vecinos Sector Estación Antofagasta utilizará el financiamiento para desarrollar una cocina comunitaria.

A primera vista, podría parecer simplemente un proyecto de infraestructura o equipamiento. Sin embargo, desde una perspectiva social, el proyecto tiene otra dimensión: crear un espacio físico donde las personas puedan encontrarse, colaborar y construir relaciones comunitarias.

Su presidente, Roberto Villacorta, lo resume así:

“Creemos que construir comunidad es también construir ciudad”.

La frase refleja uno de los conceptos fundamentales del desarrollo comunitario: los espacios de encuentro ayudan a generar vínculos sociales.

Una cocina puede ser mucho más que una cocina. Puede transformarse en un lugar donde vecinos organizan actividades, comparten conocimientos, desarrollan iniciativas y generan redes de apoyo.

San Pedro de Atacama: transformar una necesidad en conciencia

En San Pedro de Atacama, la Agrupación TEAdmiro utilizará los recursos para generar iniciativas de concientización y educación relacionadas con el autismo.

Su presidenta, Vania Maldonado, explica que el objetivo es entregar herramientas a padres, profesores y comunidades educativas para comprender mejor las situaciones que viven niños y familias.

“Con este fondo buscamos entregar herramientas a padres, profesores y comunidades educativas para comprender mejor el autismo y saber cómo acompañar y actuar de manera adecuada”.

Aquí aparece otra dimensión del emprendimiento social: transformar una experiencia o una problemática en conocimiento que pueda beneficiar a otros.

El verdadero valor está en las capacidades que quedan

El financiamiento es importante, pero probablemente uno de los aspectos más relevantes del programa estará en aquello que permanezca una vez finalizados los proyectos.

Las 64 organizaciones seleccionadas también recibirán mentorías y asesorías técnicas, herramientas que pueden contribuir a mejorar sus capacidades de gestión y sostenibilidad.

Y ese punto resulta clave.

Porque una organización fortalecida no solamente ejecuta un proyecto.

Puede aprender a formular nuevas iniciativas, administrar recursos, generar alianzas, convocar a más personas y convertirse en un interlocutor más sólido frente a las instituciones públicas y privadas.

Es decir, el impacto puede multiplicarse.

La fuerza de las comunidades organizadas

Catalina González, seremi de Gobierno, destacó la importancia del trabajo colaborativo y de poner herramientas, capacidades y recursos a disposición de las organizaciones.

“Podemos robustecer el tejido social y avanzar hacia comunidades más fuertes, participativas y preparadas para enfrentar los desafíos que tenemos por delante”.

La expresión “tejido social” adquiere especial relevancia en una región extensa y diversa como Antofagasta, donde conviven grandes centros urbanos, localidades costeras, comunidades del interior y territorios que enfrentan desafíos muy diferentes.

Desde esa perspectiva, fortalecer una organización significa también fortalecer una red de personas.

Y cuando esas redes funcionan, una comunidad tiene mayores posibilidades de responder frente a una emergencia, generar nuevos proyectos y construir soluciones desde su propia realidad.

El desafío comienza ahora

Las 64 organizaciones seleccionadas comenzarán durante los próximos meses la implementación de sus iniciativas.

El verdadero desafío, sin embargo, no estará solamente en ejecutar correctamente los recursos.

Estará en convertir esos recursos en capacidades, capacidades en proyectos y proyectos en transformaciones concretas para las comunidades.

Porque detrás de los $230 millones existen historias de dirigentes, emprendedores sociales, familias, profesionales y vecinos que decidieron no esperar que otros solucionaran sus problemas.

Decidieron organizarse.

Y cuando una persona identifica una necesidad, convoca a otras y comienza a construir una solución, estamos frente a una de las expresiones más poderosas del desarrollo social:

una comunidad que deja de ser espectadora de su realidad y comienza a convertirse en protagonista de su propio futuro.

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